Tu empresa está perdiendo dinero
Y lo peor no es que lo pierda. Lo peor es que ni te enteras, porque el dinero que pierdes no sale de la caja. Se queda parado dentro.
Vamos a hacer una cosa rápida. Abre tu base de datos de clientes. La que sea. El Excel viejo, el CRM, el programa de facturación, la libreta que tiene tu comercial. Da igual.
Cuenta cuántos clientes compraron alguna vez en los últimos 5 años. No hace falta ser exacto. Una estimación sirve.
Ahora dime cuántos de esos clientes han vuelto a comprar en los últimos 12 meses.
La diferencia entre esos dos números es el dinero que tienes parado.
Esto no va de captar más
Llevo tiempo trabajando con ferreterías, suministros agrícolas y negocios de distribución. Y hay una conversación que se repite siempre que me siento con un cliente nuevo.
Me dicen: «Carlitos, necesitamos más clientes».
Y yo les pregunto: «¿Cuántos tenéis ya?».
Se hace un silencio. Miran el Excel. Cuentan. Y la respuesta suele estar entre 3.000 y 15.000 clientes. Personas o empresas que entraron por la puerta, compraron algo, dejaron su teléfono o su email, y se fueron.
Después les pregunto cuántos han comprado este año. Y ahí la cifra se desploma. Un 15%. Un 20% con suerte.
El resto está parado. Ese es el problema. No la captación.
Por qué está pasando esto
No es porque seas mal empresario. Es porque nadie te ha enseñado a ver tu base de datos como un activo.
La ves como un archivo. Un listado. Algo que hay que tener por si viene Hacienda. Y la tienes ahí, en un Excel, o en un programa que usas para facturar, o en la cabeza de tu comercial más veterano.
Pero esa base de datos no es un archivo. Es una lista de personas que un día confiaron en ti.
Gente que entró, pagó, se llevó el producto, quedó más o menos contenta. Y después, silencio. No les has vuelto a llamar. No les has mandado un email. No sabes si siguen comprando en otro sitio, si han cerrado su negocio, si están a punto de necesitar exactamente lo que tú vendes.
Los cuatro agujeros por donde se te escapa el dinero
Cuando hago una revisión inicial a un negocio, casi siempre encuentro los mismos cuatro agujeros. Te los cuento por si alguno te resulta familiar.
Agujero 1: No hay canal email montado.
Tienes los emails de tus clientes en el programa de facturación. Pero no tienes una herramienta para enviarles nada. Así que, en la práctica, es como si no los tuvieras. Están ahí, pero no los usas.
Agujero 2: No hay seguimiento post-venta.
El cliente compra, se va, y hasta nunca. No hay un email de agradecimiento. No hay un recordatorio de mantenimiento. No hay una oferta cruzada con productos relacionados. No hay nada. La relación se acaba en la caja registradora.
Agujero 3: Mandas lo mismo a todo el mundo.
Cuando mandas algo, mandas una oferta genérica a los 8.000 contactos. Al agricultor le llega la misma promo que al ferretero. Al cliente que compró hace dos semanas, la misma que al que no compra desde 2019. Resultado: todo el mundo la ignora.
Agujero 4: Captas pero no retienes.
Metes dinero en publicidad, en Google, en ferias. Consigues clientes nuevos. Y mientras, los antiguos se siguen marchando por el agujero de atrás. Es como llenar un cubo con un grifo mientras alguien le hace tres agujeros por debajo.
Cuánto dinero hay ahí dentro, en serio
Vamos a hacer números. Números reales, no humo. Imagina un negocio de tamaño medio, una ferretería o un distribuidor agrícola con cierta trayectoria.
Negocio tipo
Los números varían, pero esta proporción se repite más de lo que parece.
Treinta y un mil quinientos euros. Sin captar a nadie nuevo. Sin meter un euro en publicidad. Sin abrir una tienda más.
Solo hablando bien, en el momento adecuado y al segmento adecuado, con gente que ya está en tu lista.
Por qué ninguna agencia te cuenta esto
Porque no vende. Porque «ordenar tu base de datos y montar automatizaciones» suena a aburrido. Porque los paquetes de redes sociales, los vídeos en TikTok y las campañas de ads son mucho más fáciles de vender.
El problema es que esas cosas, muchas veces, solo te sirven para volver a captar gente que acabará cayendo por el mismo agujero que ya tienes.
Así que sigues pagando captación. Entran clientes nuevos. Se marchan. Vuelves a pagar captación. Y la rueda no para.
Mientras, la lista de personas que ya confiaron en ti sigue ahí. Muerta. Llena de dinero parado.
Lo que tendrías que hacer esta semana
No te voy a pedir que contrates nada. Ni a mí ni a nadie. Te voy a pedir tres cosas que puedes hacer tú solo, esta semana, sin gastarte un euro.
Uno: cuenta cuántos clientes inactivos tienes.
Saca del sistema la gente que compró alguna vez pero no ha vuelto en el último año. Cuenta cuántos son. Tener la cifra delante cambia la conversación.
Dos: calcula el ticket medio real.
Lo que gasta un cliente cada vez que vuelve. No lo inventes, cálculalo con los datos del año pasado. Ya tienes la segunda cifra.
Tres: haz la multiplicación.
Clientes inactivos × 5% × ticket medio. Esa es una estimación baja de lo que podrías recuperar si alguien trabajara esa base de datos con criterio.
La primera vez que un cliente mío hace esa cuenta, suele quedarse callado un rato. No porque la cifra sea gigante. Sino porque es la primera vez que mira su propio negocio desde ese ángulo.
Y ahora qué
Si has llegado hasta aquí, probablemente eres de los que sospechan que algo no cuadra. Que captar cada vez es más caro, que los márgenes aprietan, que hay dinero en la base pero nadie sabe cómo tocarlo.
No hace falta que hagamos nada juntos. Quizá lo resuelves tú mismo con lo que acabas de leer. Ojalá.
Pero si quieres que te siga contando cómo se hace esto bien, cómo se montan las automatizaciones, qué segmentos funcionan en ferreterías y suministros, qué errores me encuentro cada semana y cómo se evitan, escribo sobre eso cada semana.
Un email. Sin humo. Sin teoría genérica. Casos reales y cosas aplicables.
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